¿Te has preguntado alguna vez…
Qué es ser mujer?
Entre las características
principales que escuché un día decir al respecto, fueron por ejemplo las
palabras: cariñosa, intuitiva, amorosa, romántica, tierna, fuerte, dulce y suave.
Pero también me vienen a la mente palabras como intensa, violenta, ruda y fría…
porque las mujeres finalmente somos de todo un poco y la vez no somos nada…
Somos más bien esencia de nuestra madre tierra.
Las mujeres hemos sido atacadas
masivamente, sabemos las historias de que fuimos quemadas en la hoguera por
brujas, hemos sido juzgadas por sentir placer, por ser lo que somos y seguimos
siendo perseguidas por ser mujeres, como si la matanza de brujas siguiera a través
de los feminicidios actuales; de la misma saña; los asesinos no matan a una
mujer sino a lo que ella representa, un poder tan grande que asusta y el miedo
es el peor enemigo de los humanos.
Así, las mujeres por las buenas o
por las malas han sido atacadas para perder su conexión con esa esencia que
vive dentro; sin saber que, el reconocernos como mujeres es reconocer también
nuestros ciclos que como la luna se
regeneran en un proceso maravilloso que nos convierte en poderosas... Nos
vuelve tan brujas como nuestras abuelas.
Nos han hecho creer que para ser
mujeres debemos ser de tal manera, comportarnos y vestirnos de tal forma;
actuar, pensar o sentir como la sociedad quiere pero sobre todo, a no hablar de
muchos temas como la sexualidad, el deseo, las ambiciones y también sobre la
menstruación.
Incluso, la sangre es algo que se
mantiene oculta, con cierta pena, algunas con asco, padeciendo dolores,
malestares, cargas hormonales que se convierten en una olla a presión y que
explotan a la menor provocación hasta generar que nos llamen “histéricas”;
nosotras mismas nos hemos creído esas historias que son un tanto ciertas pero
no de esa manera; sino de una manera más espiritual que hemos anulado,
bloqueado y perdido a través de las generaciones.
Por eso hoy les voy a platicar
sobre lo que hacían nuestras abuelas más antiguas, aquellas que por supuesto ya
no conocimos, ni conocieron nuestras madres; aquellas abuelas de nuestro linaje
cuyo nombre ya nadie recuerda pero que algo dejaron en nuestra memoria
genética, en nuestras células, en esa voz que nos grita con desesperación ¡Escúchame…
soy tu intuición! Y yo diría, no solo tu intuición… soy la abuela que aún
pervive dentro de ti.
Las abuelas nunca nos han dejado
solas, su voz está pero no nos detenemos nunca a meditar sobre lo que quieren
recordarnos; y nos lo recuerdan solamente porque ¡Ya lo sabemos! Está en
nuestra piel, en nuestro instinto pero hemos sido domesticadas y debemos
regresar a la conexión pura de la naturaleza. Ella nos guía con instinto, con
entrega, con lo más puro de ser mujer; ese concepto que hemos perdido y que no
encontramos.
Las abuelas nos recuerdan
entonces aquellas lunas donde se reunían en círculo y danzaban a la luna
desnudas junto al fuego, entonces la sangre de todas corría por su piernas y regresaba
a la tierra; le regresaban a su madre la misma abundancia y fertilidad de la
que nos ha provisto.
Las abuelas sabían que en su
luna, mientras sangraban, en su vientre se formaba un campo de energía más
potente y desde ahí lo llevaban a todo el cuerpo para darle vitalidad y
rejuvenecimiento.
Las abuelas sabían el poder del
útero, esa parte de nuestro cuerpo que tiene todos los recursos que le permiten
crear vida y no solo la vida de un ser humano, es de ahí donde sale la vida de
nuestras creaciones en todos los sentidos, es de ahí de donde sale la
intuición, el sexto sentido de las mujeres.
Las abuelas sabían que cuando
estamos menstruando somos más intuitivas, ese poder se expande y habla nuestra
voz interna, sale a relucir nuestra verdadera esencia. Sabemos lo que queremos
en ese momento, sabemos lo que somos y también lo que no somos… Es en ese
momento que si tu ser interior no está conectado con los actos que llevas en la
vida cotidiana entonces, es como una gran colisión y del impacto de esos dos
mundos, nos volvemos contra todos y todo; en una gran cólera llamada “histeria”
cuyo significado proviene de la palabra “útero” y es justo así… Tú puedes construirte
o destruirte desde ahí porque al no escucharte y al no tratar de fusionar tu
mundo espiritual con el físico, solo callas dentro de tu olla de presión… lo
que ya sabes.
¡Explotas cada vez que no escuchas
a tu útero! Cada vez que no te guíes por
tu intuición, que no te dediques un momento en esos días de luna para
escucharte, para saber más de ti.
¡Explotas porque tú eres lo único
que tienes!… No te abandones.
Las abuelas nos invitan a
reconectarnos con nosotras, cuando tus ciclos menstruales no están regulados
por hormonas artificiales, tus ciclos se alinean con las lunas. Hay mujeres de
luna llena, hay mujeres de luna nueva, ella nos alinea y dependiendo la luna
que nos acompaña, depende de nuestra energía y nuestras emociones.
Si tu fase menstrual se alinea
con la luna llena tú tienes la energía más latente e intensa de la fase lunar,
así que medita mucho y disfruta de tu soledad. También esto quiere decir que tu
ovulación será en luna nueva por lo que estarás en tu mejor momento para crear
y explorar tu lado artísico.
Ahora bien, recuerda siempre que
puedes utilizar tu ciclo menstrual a tu favor, para renovarte cada mes, para
compartir tu sangre con la madre tierra, regarla con ella, darle a tus plantas
las vitaminas que necesitan, nutrir y nutrirte de mucho amor para ti misma.
Durante tu luna eres poderosa,
eres capaz de escucharte plenamente, de ser más intuitiva, de realizar tus
trabajos espirituales con más fuerza aprende a tomar conciencia de esto y
cambiarás tu universo al reconocer en tu útero la vida-muerte y la muerte-vida
cada mes.
Fotografía Esmeralda Itzpapalotl
La menstruación es tan poderosa a
nivel metafísico que la madre tierra necesita de tu conciencia activa en pro de
la sanación, por lo tanto, ella misma buscará alinear tu periodo con el de
otras mujeres que vibran contigo para que de esta manera, en los círculos de
mujeres vivamos juntas esta experiencia.
Recuerda siempre en tus lunas
que: “Eres la nieta de aquellas brujas que no pudieron quemar”
¡Y disfrútalo al máximo!
Ometeotl
Por: Isabella Ameyalli







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